Palermo fue a autografiar el mural de su gol a Grecia para que sea subastado a beneficio y, luego de recibir piropos (y de afirmar que se sorprende a él mismo), bancó a Maradona: “Tiene que seguir. Hacía rato que la gente no se identificaba tanto con una Selección...”.
El tipo lo gritó convencido, no hubo ironía, menos sarcasmo. “Palermo, te esperamos en 2014”.
¿Y es una locura que alguien, más allá de la ceguera que todo fanatismo adosa, piense que el Loco no es capaz de estar en Brasil (y sin ojotas)? Si, tal como se encargó de refritar ayer Mauricio Macri, Palermo “es el fabricante de ilusiones que le convirtió un penal pegándole con las dos piernas, que hizo un gol con los ligamentos rotos, que metió un gol de cabeza desde mitad de cancha”. Si es, también, el que sacó a River de la Copa 2000 estando aún en muletas, el que le convirtió dos goles a Banfield horas después de la muerte de su hijo prematuro, el máximo goleador de de Boca, el que erró tres penales en el mismo partido de Copa América, y quien posibilitó, diez años después, ante Perú, que Argentina jugara el Mundial de Sudáfrica.
“Siempre me sorprenden las cosas que me pasan. Siempre creo que va a ser la última, pero no...”.
Palermo agradece los mimos del Jefe de Gobierno Porteño y del grupo de fans que además lo aplaude en la carpa que la Ciudad armó, en Plaza San Martín, para que exhibir los partidos de la Selección. Palermo está ahí porque el artista Ricardo Martínez Galvez garabateó en óleo su último hito, el gol a Grecia. Lo autografía, sabiendo que en diciembre, en el Banco Ciudad, será subastado a beneficio de SOS Infantil, una ONG que el goleador apadrina hace un año. “Intentaré comprarlo”, advierte Macri. Y apunta, antes de la darle una plaqueta a su ídolo por “hacer posible lo imposible y no bajar los brazos nunca”, que hubiera entregado su afortunada vida “a cambio de ser Palermo por un rato”. El que es Palermo por un rato es Palermo. Una hora, algunas fotos, firmas, “prohibido preguntar por Boca”, se disculpa la organización. En realidad, directamente no se puede preguntar. Palermo y Macri sólo cabecean los centros de los moderadores. No es, de todas maneras, momento ni lugar para alguna inquietud incómoda. Entonces el Loco dice que siempre entra a la cancha “con ese optimismo de que algo va a pasar”, que es “un obsesionado por el gol”, y que su última conquista encontró, curiosamente, fecunda a su derecha, “la que está armada, ya me la manejan desde arriba, je”. Palermo también admite que sabía que los 10’ frente a Grecia iban a ser “la única oportunidad para demostrar en todo el Mundial” y acota, tras ver la repetición de su conquista, que “Messi me vino a abrazar como si el gol hubiera sido suyo”. Agradece Palermo. Y en el ese sendero, esboza un monólogo pro Maradona, mentor de, quizá, la última pincelada de su extraordinaria carrera. “Tiene que seguir. Es necesaria una revancha. Porque es la persona ideal para llevar la Selección. Hacía tiempo que la gente no se identificaba con una Selección como con ésta. Quedó claro que sólo necesitaba tiempo para trabajar. Diego demostró ser entrenador”, asegura antes de perderse entre una nube de manos, de desaparecer habiendo pergeñado otro milagro, ser una obra de arte que va a remate, un Loco de remate...
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